Sanciones

Las sanciones disciplinarias son uno de los cauces a través de los cuales se manifiesta la disconformidad de la empresa con la conducta de un trabajador. Su imposición revela la existencia de problemas en la relación entre ambos, que pueden tener diferentes niveles de gravedad (leve, grave o muy grave).

Para que corresponda una sanción, el incumplimiento deberá ser calificado como falta bien por la ley, bien por convenio colectivo. Lo normal es que las faltas vengan recogidas en el correspondiente convenio que te resulte de aplicación, que recoge no solamente las que pueden ser comunes a todo tipo de trabajos, sino también las específicamente relacionadas con tu sector concreto.

La consecuencia de la sanción es la suspensión de empleo y sueldo por un tiempo determinado, que dependerá de la gravedad de la falta.

Tanto si estás de acuerdo con la sanción como si no, te recomendamos impugnarla. El primer paso es la presentación de una papeleta de conciliación. Y en el caso de que en el acto de conciliación administrativa no se llegue a ningún acuerdo, será necesario presentar una demanda ante los Juzgados de lo Social.

Ante una sanción, son muchos los factores que se han de tener en cuenta al momento de su impugnación (la carta de sanción cumple con los requisitos exigidos convencional y legalmente; si la empresa ha demostrado que el trabajador ha realizado los hechos que le imputan; si los hechos son tan graves como para merecer la sanción impuesta…).

Has de saber que, a efectos legales, si no se presenta la papeleta de conciliación y, en caso de no alcanzarse un acuerdo, la demanda, es como si no se hubiese impugnado la sanción, y la sanción devengará firme. Es decir, que habrás aceptado haber cometido las conductas que te imputa la empresa y aceptarías la sanción que se te impone.

Por ello, es importante impugnar las sanciones en todo caso, para que no existan “antecedentes” en tu expediente de la empresa, que esta puede utilizar para justificar tu despido disciplinario por haber sido sancionado antes y si se produce reincidencia.

Si en cambio se ha impugnado la sanción, demostraras que no estás de acuerdo con ella y la sanción no será firme (es decir que no creará precedente) hasta que no sea confirmada por un juez. Impugnar las sanciones, aunque sean solo una mera amonestación, es una forma de protegerse contra futuros despidos.

Consúltanos cuanto antes y déjanos impugnar tu sanción, adoptaremos la mejor estrategia para que sus consecuencias sean lo menos gravosas posibles para ti.

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